
Comencé a andar sobre un terreno desconocido,
sin rumbo fijo pero oyendo un lejano silbido
que me llevaba a ciegas hacia tus sentidos.
Con dudas, pues no sabía dónde me llevarías,
con ilusión por descubrir todo lo que sentiría,
con valentía para acallar voces que no nos creían.
Subía, bajaba tus elevadas y abruptas cimas,
rodeaba curvas perdiéndome en tus meandros,
caía en profundas, oscuras y húmedas simas.
Mi cuerpo extenuado, mi mente con un pensamiento fiel:
la dulce locura por encontrar en tu alma mi refugio,
una y otra vez caminando sobre tu piel...
