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martes, 28 de abril de 2009

Piardas de la vida


Hoy he salido del instituto con muy mal sabor de boca. Los padres de una alumna se han separado recientemente y por lo visto han acabado tirándose los trastos a la cabeza.


Como suele ocurrir en estos casos, los hijos son moneda de cambio y riqueza para que sean ellos los que decidan cuál de sus progenitores es peor persona.


Esta alumna después de pasar un fin de semana luchando con sus sentimientos, se hizo una piarda el lunes y no entró al instituto.

Hoy me decía llorando, que le iba a estallar la cabeza y que se fue con una amiga a desahogarse.

...

Su madre se había enterado, pero mi alumna no quiere preocuparla y no le dice que está sufriendo por dentro, mientras que su madre cree que no le interesan los estudios (como información diré que esta alumna nunca ha repetido curso).


Este jueves tengo una cita con esa madre para hablar de su hija...


¡Qué injustos somos los adultos intentando resolver nuestros problemas y diferencias!


Este jueves me haría una piarda de la vida para irme a pasear junto a unos lirios y unos naranjos en flor contemplando a las golondrinas volar...

sábado, 11 de abril de 2009

El fideo parlanchín


Ayer estuve en un bautizo y como siempre, me quedo sorprendida por la paciencia que tienen los padres con sus hijos, en la mayoría de los casos claro. Se les entretiene con lo que sea para que guarden un mínimo de silencio pues se está en una iglesia y da mucho apuro ver como todo el mundo se vuelve a buscar a ese padre que no consigue hacer callar a su hijo que solo quiere jugar y oír el eco de su voz.
Todo esto me recordó una anécdota de mi hermano mayor, Paco, cuando tenía unos tres o cuatro años.

Mi hermano era muy lento comiendo. Para que os hagáis una idea: masticaba los fideos de pelo del puchero. Lo cual hacía que mi madre desesperara hasta el punto de inventarse un cuento para que no lo hiciera:

"Paco, hijo, érase una vez un niño que cada vez que comía fideos los masticaba. Un día cuando iba a llevarse la cuchara a la boca, uno de los fideos se levantó de la cuchara y con cara de miedo le dijo al niño: "No me mastiques, trágame..., no me mastiques, trágame...". Desde entonces, el niño hizo caso a ese fideo que se atrevió a pedirle ese favor y se tragaba los fideos sabiéndole aún más buenos que antes."

Funcionaba a veces, pero un día que no funcionó, a mi padre se le acabó la paciencia, cogió a mi hermano en brazos y lo lanzó hacia la cama desde el comedor, unos dos metros de distancia, y durante ese primer vuelo sin motor mi hermano Paco fue haciéndose pipí mientras surcaba el aire.
He de hacer varias aclaraciones:
1ª. En defensa de mi padre, diré que lo hizo solo esa vez y fue controlado pues lo lanzó sobre la cama de matrimonio que estaba al lado.
2ª. A mi hermano no le quedó ningún trauma infantil como pudiera ser miedo a volar o fobia al puchero.
3ª. Mi madre añadió una nueva parte al cuento sobre el fideo parlanchín: "No me mastiques, trágame... si me masticas puedes hacer un vuelo incontrolado y muy peligroso..."
4ª. Cuando mi hermano mediano y yo, que soy la pequeña, comíamos puchero y mi madre nos contaba el cuento, mirábamos a mi hermano mayor y él nos decía: "Haced caso al fideo parlanchín que yo conozco a ese niño..."

Lo diré siempre, ¡qué difícil es ser padres!