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lunes, 30 de marzo de 2009

¿Qué importa realmente?

A pesar de estar en las puertas de la Semana Santa y que debe ser un momento de reflexión y recogimiento, debo confesar que hoy es el día que más cerca he estado de abandonar mi puesto de funcionaria en la administración por varias razones:
1ª No han baremado correctamente mis cursos de formación permanente que con "tanto gusto" realizo ya que son "tan amenos" que me pasaría todas las tardes deformándome... perdón formándome. Total, ni ellos mismos reconocen los cursos que imparten.
2ª (Esta razón es un poco rencorosa pero no podía más) Hace unos meses estuve de baja por un problema de rodilla que casi me impedía andar y a mi vuelta al trabajo me echaron en cara dicha situación y que por lo tanto ya no "debería" realizar unas actividades complementarias para que mis alumnos no perdieran más clases. (La actividad complementaria era celebrar el día de la Paz escolar). Los proyectos sobre el papel mejor que en la práctica.
3ª Hoy no ha importado que mis alumnos perdieran una hora de Matemáticas porque han ido las autoridades a dar una pseudoconferencia sobre el mal uso de los MP3 y videoconsolas que ha durado diez minutos pero había más prensa que en una conferencia de Obama. Nada mejor que hacer gasto en época de crisis.
4ª Pero, ¡alegrémonos! al salir de esta charla han regalado a cada profesor y alumno un juego de ingenio metálico de los que son dos piezas a separar para después volver a unir. Supongo que para compensar la pérdida de la hora de Matemáticas.
5ª Además el ponente sabía mucho del tema, es del Colegio de Farmacéuticos y ha recomendado a los alumnos que en lugar de videojuegos violentos jueguen a un videojuego de crucigramas. Se nota que conoce las inquietudes de los adolescentes.
Menos mal que después de todo el tenderete formado, he entrado en una clase y he podido explicar la razón áurea a mis alumnos y cómo los griegos buscaban la divina proporción en todo lo que construían, como por ejemplo en el Partenón de Atenas. Y también cómo aparece en la naturaleza en la forma en que salen las hojas alrededor del tallo de una flor.
Y cómo nosotros mismos estamos en proporción divina. Les propongo un juego. Realicen la siguiente división: su altura total entre la altura desde el ombligo hasta sus pies. Dicho cociente debe ser cercano a la razón áurea: 1,618.
Si algunos de ustedes obtiene esta cifra, alégrese porque tiene un cuerpo divino...
Así con mis alumnos y las Matemáticas he recordado de lo que realmente a mi me importa de mi trabajo: abrir mentes y no cerrarlas.